sábado, 2 de febrero de 2013


IMÁGENES TURÍSTICAS EN BLANCO Y NEGRO

(Los Inspectores de Turismo)


Por Roc Gregori Aznar


El turismo es la actividad básica del actual municipio de Benidorm y un blog dedicado a la historia de esta ciudad no puede obviar este fenómeno tan singular y debe analizar su devenir histórico. Para hablar de turismo de Benidorm, en el pasado y en el presente, hay muy pocas voces que puedan superar al autor de esta entrada, Roc Gregori.  Nacido en Alfaz del Pi su vida profesional se inició con el turismo en Benidorm. En esta localidad ha sido durante mucho tiempo director del Servei Municipal de Turisme, cargo que dejó para ocupar otros de mayor responsabilidad en Valencia, en la Generalitat Valenciana. Fue subsecretario de Turismo y después Secretario Autonómico. Actualmente está jubilado pero sigue muy vinculado con el mundo turístico. Su autoridad en esta materia la demuestra cada domingo en su columna del Diario Información de Alicante. El artículo que os presento a continuación fue publicado en dicho diario el 22 de agosto de 2010. En él rememora los primeros momentos del sector turístico, con sus improvisaciones y falta de formación profesional pero con unas grandes ganas de hacer las cosas bien y de superarse. Gracias a aquellos empresarios y trabajadores hoy tenemos un sector turístico consolidado…




Toda la historia del turismo debería haber sido filmada y ahora yo simplemente les recomendaría el visionado de tal o cual bobina de la película para explicarles, o recordarles, algunas historias, algunas imágenes que tuvieron un protagonismo en las vidas de quienes se dedicaron a desarrollar esta industria. No, no me voy a referir a los grandes hechos y realizaciones que transformaron nuestro territorio, nuestra economía y nuestra forma de vivir. Me quiero referir hoy a pequeños hechos quizás ya superados, pero que ocuparon un lugar importante para el desarrollo de la incipiente profesión que estábamos abrazando ahora hace unos 50 años a base de necesidad, lógica, intuición y… porque éramos espabilados, ¡que caramba!

Los Inspectores de Turismo. Así con mayúscula. Y más bien debería añadir el tratamiento de “señores”: los Señores Inspectores del Ministerio de Información y Turismo. ¡Que grandes personajes! ¿Habrá habido alguien con más autoridad para los empresarios y trabajadores del turismo que aquellos señores? Todos a temblar. No valían coplas, por más que nos avisáramos de su presencia –“Oye que los inspectores andan por aquí”- porque existía un sistema de detección y alarma que ríete de los radares y los GPS de hoy. Bueno, la verdad es que tú sabías que en algo ibas a pinchar, así que, mientras fuera por algo leve, gracias. Como decía, todos a temblar, a repasar nuestras deficiencias, a esconder al “pariente” que nos había venido a visitar y que solo estaba echando una mano, justo hoy y sin cobrar ¡eh!. La plantilla bien aleccionada: “si te preguntan tal cosa, tu dices que…”  El suplicio comenzaba: “¿Y el libro de…?” “Lo tengo en la gestoría”. “¿Me puede enseñar el permiso de…?” “Lo tengo en la gestoría”. Y venga a tragar saliva, si es que podíamos por culpa del nudo que se nos había instalado en la garganta. Cuando creías que tenías todo controlado y que ya por nada te podrían empaquetar,”zas”, te la habías cargado por no tener la banqueta del cuarto de baño, o la silla de la terraza. Ya habíamos superado los terribles libros de reclamaciones, de visitas, de facturas (esos eran los temas gordos) pero, ¡qué vista!, no se les escapaba ni un detalle.  Yo creo que resultaba violento hasta para los clientes que palpaban la tensión y respiraban aliviados cuando todo terminaba. Igualito que los inspectores de ahora que te asesoran sobre tus “errores”.

Cuando los señores Inspectores se marchaban después de extender el acta de incidencias sancionadora (que nunca merecías, faltaría más), te entraba una flojera muscular, una paz, un relax que casi se te olvidaba avisar al vecino empresario: “Que van para ahí”. Luego, cuando recuperabas el resuello, ya podías alardear de cómo te enfrentaste a los funcionarios, con qué energía hiciste valer tus derechos (¿), o con qué habilidad les habías toreado. De hecho, si te habían sancionado era debido a su “acreditada mala baba” que, por otro lado, todos conocían. Recurrir, ¿para qué? El pago de la sanción era cosa prevista. Entraba en los costes.

En este relato aparecen, si nos fijamos bien, las piezas clave sobre las que se asentó el arranque de un sector imprescindible hoy en día para la vida de la población: el turismo. Los empresarios desarrollando sus pioneras e imaginativas iniciativas; los trabajadores aportando su esfuerzo y sacrificio para lograr una vida mejor; los clientes, que nos enseñaron el camino de la profesionalidad con sus demandas y exigencias; y, claro, también los señores Inspectores del Ministerio de Información y Turismo, que nos tutelaron en nuestro discurrir por el camino recto. Todos ellos derrocharon grandes dosis de entusiasmo y fe en un futuro en el que otros muchos  no creían, por eso merecen nuestro  sincero reconocimiento.

Estas escenas no ocurrían en blanco y negro, sucedían en color, como la vida misma, pero me van a permitir que en el título se anuncien como si fueran en blanco y negro, por coherencia con unos tiempos en los que la vida no se percibía muy coloreada que digamos sino más bien gris, así que el blanco y negro ya encierra en si mismo un cromatismo generoso. A decir verdad, entre la distancia temporal, la memoria que envejece y la lógica distorsión que se produce a fuerza de repetir la versión de unos hechos tan lejanos, las imágenes se nos reproducen en un difuso color sepia, pero son tan entrañables que merecen nuestro emocionado recuerdo.


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