jueves, 14 de febrero de 2013


EL ALMIRANTE  JULIO GUILLÉN TATO Y BENIDORM



La figura de Guillén Tato es imprescindible para entender algunos aspectos importantes de los primeros momentos del desarrollo turístico de Benidorm, cuanto un pequeño pueblo de veraneantes, tal como anhelaba el almirante, empezaba a convertirse en una gran urbe turística. Por esta causa su primera y desinteresada colaboración con el alcalde Pedro Zaragoza, se enfrió y se convirtió en franca ruptura… Guillén Tato no pudo soportar las transformaciones del casco antiguo y su pérdida de personalidad y vendió su casa de la Calle Santa Faz para instalarse en una casa de campo de la Almafrá donde una senyera quatribarrada ondeaba al viento y proclamaba la identidad de un español que se sentía orgulloso de sus orígenes y cultura alicantinas, incluyendo su lengua materna. 

La biografía que de este personaje realizó Vicente Ramos Pérez contiene un apartado, páginas 254 a 261, en el que se narran estos hechos. Por su interés como documento para la historia de Benidorm incluyo este fragmento. Su título es “El almirante y polígrafo Julio Guillén Tato” y fue editado en Valencia por la Institución Alfonso el Magnánimo en el año 1976





Portada del libro de Vicente Ramos sobre Guillén Tato. La fotografía anterior procede de la misma obra



EL ALMIRANTE Y POLÍGRAFO JULIO GUILLÉN TATO

a) Benidorm
La villa benidormense fue el «lugar hallado», empleando términos mironianos, de Julio Guillén, y a él dedicó gran parte de su corazón y toda especie de patrocinio.
Sin duda, aquellas lejanas temporadas de su niñez que pasó en la entonces minúscula, clara y dormida urbe influyeron decisivamente en su ánimo para regresar a ella con espíritu gozoso en los años cuarenta, ya con esposa e hijos. Y, en 1950, decidido a arraigarse más, adquiere vivienda propia, sita en la calle de la Santa Faz, así como un solar detrás de la iglesia, cuyos gastos de derechos reales y escritura los sufragó, en su homenaje, el Pósito de Pescadores. Guillén agradeció la delicadeza, pero remitió mil pesetas al jefe de Telégrafos, José Pérez Devesa, para que éste las hiciera llegar «al Sr. Cura como donativo del Pósito, y sin que figure mi nombre, para que las aplique a las familias pescadoras más necesitadas».
A fines de este año de 1950, Pedro Zaragoza Orts, que había cumplido el servicio militar como marinero en el Museo Naval, se ofrece a su ex director y jefe en todo cuanto a éste le hiciera falta, al mismo tiempo que le participa: «Desde hace unos días y por imposición del Sr. Gobernador Civil de esta provincia, soy alcalde de Benidorm.»
A partir de este momento, y a medida que los vínculos personales entre Guillén y Zaragoza se hacen más íntimos y sólidos, aumenta la colaboración generosísima y entusiasta de aquél en la marcha ascendente de este ya famoso y universalmente conocido pueblo alicantino, hasta el punto de no hacerse nada, en el aspecto urbanístico del núcleo primitivo, que no contara con su venia.
Transcurre un año, y, por acuerdo de 2 de octubre de 1951, el cabildo municipal agradece a Julio Guillén «el interés que siempre se toma en todos los asuntos concernientes a esta villa con el consiguiente beneficio para la misma».
En febrero de 1952, el director del Museo Naval comunica al Ayuntamiento benidormense: «Hablé con el Ministro de Turismo y acogió muy bien la idea de que las playas no dependan tan sólo de Obras Públicas, y, dentro de unos días, iremos a verle con una solicitud para que se inicie el asunto.»
Con la compra de un manantial en el término de Polop con aguas suficientes «para un Benidorm de 25.000 habitantes», Pedro Zaragoza concibe el pensamiento de pedir para su pueblo un parador de turismo, idea que margina ante le urgencia de trazar el plan general de urbanización desde el Racó a la Cala, estudio que envía a Guillén, pues «resultaría muy conveniente que usted le echase una ojeada antes de que fuese aprobado. En este trabajito nos jugamos el porvenir del pueblo» 40.
(Por entonces, el historiador alicantino comienza la publicación de los tres volúmenes de su importante obra Indice de los papeles de la sección de corsos y presas. Archivo General de Marina Don Alvaro de Bazán, en cuyo frontispicio graba las siguientes palabras:
«A la villa de Benidorm, tantas veces citada en estos papeles, que, aún en el siglo pasado, mantenía armadas para corsear dos embarcaciones, en ocasiones, montadas por mujeres que vengaban, desde el tiempo de los moros, a maridos y hermanos. Al pueblo claro y recogido que cantó Gabriel Miró, con casas volcándose en los cantiles de color limón casas con lonas de falucho y cortinas de xarsia que buza en el azul del mar fenicio, cortando playas de maravilla desde el Rincón de Loix a la Caleta, con escenografía de luz y paisajes griegos y hasta el lujo de una isleta enfrente... A tantos y tantos marineros que sirvieron conmigo en los barcos, como a los que no alcancé a conocer sino a través de estos papeles: a los valientes corsarios que fueron los Pérez, los Bayona, los Orts, los Ortuños ... Y, sobre todo, a la Mare de Deu del Naufragi su celestial Patrona, Virgen tan marinera que su imagen fue antes pulido mascarón, joya en la proa de un bajel, dedico, con apasionado fervor, este libro».)
El Ayuntamiento benidormense agradeció tan valioso testimonio de cariño en su pleno del 4 de abril de 1954.
En enero de 1955, Zaragoza remite a Guillén el plano del castillo para que aconseje sobre la reforma de su plazoleta, y, dos meses después, le hace llegar copia de las normas generales urbanísticas, y le sugiere la adquisición de la casa de Pérez Llorca.
Guillén devuelve, en junio, el plano con un dibujo suyo: «una vista a ull i barra del conjunto de ésta, tal y como deberían proyectarse las fachadas de los solares que la cierran por el Poniente [...] El replanteo del jardín lo podría hacer yo mismo ahí».
Al mismo tiempo, influye cerca del director general de Turismo para que extienda a favor de Pedro Zaragoza el nombramiento de delegado comarcal de Turismo en Benidorm: «Sería -advierte- una buena adquisición para vosotros y una garantía para el turismo el día que dejase la alcaldía.»
También por entonces, gestionó el préstamo de 900.000 pesetas que el Banco de Crédito local concedió a la villa.

Hacia mediados de este año -1955-, la familia Guillén Tato habita en casa de su propiedad, número 56 de la calle de la Santa Faz, con un anejo, denominado Caseta blava. La mansión es decorada al estilo completamente valenciano, a cuyo fin, Guillén entra en relación con la fábrica de cerámica de Manises de Juan Antonio Vilar Giner: «Azulejos para todo -le pide el 1 de julio de 1955-: pisos, paredes y mochetas de las ventanas», y le acompaña dibujos de su invención.
En octubre, el protector de Benidorm interviene eficazmente en pro de un grupo escolar, bien que se consigue en 1958.
Con fecha 10 de enero de 1956, Guillén recibe la siguiente información de Pedro Zaragoza: «El Ayuntamiento ha acordado delegar en Vd. para que, en la primera oportunidad, se encargue de dirigir la pavimentación y embellecimiento, alumbrado y plantación del Carreró dels gats» (callejón que une la plaza de la iglesia y la de Canalejas).
Y, efectivamente, Julio Guillén Tato, miembro de la Real Academia de la Historia y director del Museo Naval, amén de otros muchos cargos y honores, llevó a cabo personalmente y con ayuda de sus hijos tal y tan grata misión durante los meses de julio y agosto de 1957. Comentando estos trabajos, el P. Vicente Vela los calificó Ad majora natus sum
El 30 de junio de 1956, Zaragoza ruega a Guillén «tenga la amabilidad de diseñarme uniformes para la Guardia Municipal, vigilantes nocturnos y alguacil, como también de mozos».
A los pocos días, le remite textos de propaganda, al objeto de que «haga las modificaciones y sugerencias que crea oportunas y nos oriente para su terminación».
Y así, sin pérdida de tiempo, con el natural entusiasmo del creador y del enamorado, Julio Guillén, mano a mano con Pedro Zaragoza, fue dando forma y vida al nuevo Benidorm. Por eso, confiesa aquél, «me hice nombrar Cronista de la Villa, tan sólo para velar -desgraciadamente, en vano- por el carácter local de las edificaciones en la parte vieja» 41.



La calle Costera del Barco antes y después de la remodelación del casco antiguo propuesta por Guillén Tato. El barco que le dio su nombre fue una donación del almirante. 


La medida, que no estimamos tan completamente en vano, como él dice, la confirma en otros escritos:
«El primer año, de 19 obras, informé mal 18, y... dejaron ·de enviarme expedientes; según tengo entendido, creo que intervino el Colegio de Arquitectos de Valencia.
Quiero decir con esto que no soy auténtico Cronista de Benidorm.»42
El acuerdo municipal de nombrarle cronista y asesor artístico con carácter honorario se tomó el 30 de agosto de 1956, Y, en calidad de tal, oficia -6 de noviembre- al alcalde:
«Me permito significar a V. S. la necesidad de mantener intacta la feliz política de absoluta intransigencia en cuanto afecta al sabor local exterior de los nuevos edificios, totalmente ausente en el del presente informe.»
No se trataba, pues, de un juego o de simples y curiosas anécdotas. Para Guillén, todo aquello pertenecía a su misión de velar por la tradición urbanística local y regional. Pero su intransigencia no pudo evitar que el nuevo Benidorm comenzara a verse centro de vastas urbanizaciones y meta de incontables turistas, aumentando así el peligro de que el vértigo arquitectónico acabara con el «sabor local». Y vanas fueron las dramáticas llamadas del cronista para que se mantuviera la política de absoluta intransigencia.
En casi todos los expedientes de obras, censurados por Guillén, encontramos el mismo ruego del Ayuntamiento: «la brevedad posible con el fin de no entorpecer el ritmo de construcción de esta villa.» Y, salvo raros casos, se repetía idéntica contestación: «tengo el honor de informar a V. S. que es inaceptable;»
La tensión entre arquitectos, empresas constructoras, tal vez, Ayuntamiento y el cronista asesor era patente.
Firmado el 8 de marzo de 1957, Guillén remite el siguiente escrito:
«Sr. Alcalde: Con objeto de que mis informes puedan ser más benévolos, considero sería conveniente que, por ese Ayuntamiento de su digna presidencia se acordase que se exigiesen los siguientes detalles con carácter de generalidad en cuanto a reforma de fachada o nuevas edificaciones se proyecten en la villa vieja:
1.º Supresión absoluta del revoco a la tirolesa.
2.º Que las fachadas deben revocarse en blanco o en color claro, salvo, en este caso, los cuadros y mochetas de los huecos.
3.º Que debe de acompañarse el dibujo de los hierros de rejas y antepechos.
4.º Que los aleros deben de ser de hiladas de ladrillos, siguiendo los varios estilos viejos, allí bien patentes.
5.º Que hay que renunciar a los balcones estilo "terraza".
6.º Que, la teja no puede ser plana, si está a la vista.
7.º Que, por fachada, debería pensarse, por lo menos, en una reja de pichón.»
Fue este año de 1957 el del nacimiento de Carmeleta, la hija de Pedro Zaragoza Orts, ahijada por Julio Guillén. Y, desde tan feliz acontecimiento, alcalde y cronista se llamaron mutuamente «compadre».
También corresponde a este año la petición de Guillén, sugerida por Zaragoza, al Ministerio de Marina a efectos de que pasara a propiedad municipal la isla. Y se consiguió.
Ya por estas fechas el cronista de Benidorm desconfiaba de que sus desvelos tuvieran eficacia y de que sus iniciativas pasaran a la realidad. Un lento malestar empezó a apoderarse de él. Y síntoma de ello, dice Pedro Zaragoza el 9 de febrero de 1959: «...me entero que ha estado aquí Julito, y, según ha manifestado, Vd. piensa vender la casa, porque está muy disgustado con Benidorm.»
Contesta Guillén, el 17 de marzo, a su regreso de América: «Sin que tenga que ver nada con esto y pensando en que me retiran en agosto y, por consiguiente, mis ingresos quedarán muy mermados, pienso alquilar la casa -sin la caseta blava- este verano. Ya tengo uno que me da 20.000 pesetas; pero, si sabes de alguien que me dé 25.000..., lo prefiero.»
Aquel estío la familia Guillén no descansó en Benidorm. El disgusto, si no explícito, era cierto. Y el Ayuntamiento quiso -noviembre- apagar la molestia, nombrándole -acuerdo justísimo a todas luces- hijo adoptivo, «confirmando así -palabras de Guillén, dirigidas al concejo el 23 del mismo mes oficialmente lo que hace tantos años sentía muy hondamente, al considerarme un benidormí más».
(A mayor abundamiento, conviene recordar que, a fines de 1955, Julio Guillén hizo donación al municipio de un solar a espaldas de la iglesia, generosidad que le fue agradecida en acta del 13 de enero de 1956.
Ahora, en 1959, el párroco, Luis Duart, recaba el permiso de Guillén para abrir un pasillo por detrás del altar, es decir, en la misma plaza de la Señoría, a lo que el donante de la plaza responde el 13 de abril: «Yo regalé el solar de casi toda la plaza al Ayuntamiento con la obligación de que fuese todo para plaza; si, aun con mi autorización, se edifica algo, es posible que pierda ya fuerza lo condicionado de la cesión y, por ello, deseo consultarlo bien antes de decidir».)
La situación de su casa en la calle de la Santa Faz acaba por no agradarle, ofreciendo su venta -1960- a José Gasquet, agente de la propiedad, «para comprarme -explica- una de campo con seis o siete tahullas y poder tener jardín en las afueras, pues precisamente prefiero vivir aislado, hacia la Estación o más arriba.
Los azulejos, menos los del cuarto de baño, que son modernos, los arrancaría yo por mi cuenta».
Al año siguiente, el del traslado de su domicilio, en Madrid, al de la Real Academia de la Historia, duda entre vender o no su biblioteca particular al Ayuntamiento de Benidorm.
En 1962, con motivo del proyecto de Pedro Zaragoza de erigir en su villa natal un monumento a los muertos en el mar o, según Guillén, a los muertos en el Mediterráneo o pertenecientes a la antigua Confederación Aragonesa (Cataluña, Aragón, Valencia y Baleares), obra que fue encargada a Juan de Avalos, se puso al descubierto la honda contrariedad de Guillén.
Sucedió que, al pretender formar el Patronato Nacional para el monumento, Guillén indicó que lo presidiese Pedro Nieto Antúnez, cargo que éste declinó por ser ministro.
Entonces, Zaragoza insiste en su primera idea: que lo fuera su «compadre», mas éste decidió, en carta de 27 de febrero de 1963, «no aceptar nada oficialmente de Benidorm. Mi cariño a la terreta aumenta, sin embargo, con el desgraciado y absurdo giro que, desde años, está tomando urbanísticamente y del cual no quiero hacerme responsable ni remotamente».
Tan noble como insobornable: características básicas de la personalidad de Julio Guillén. En este asunto, no sólo rechazó la presidencia, sino también una vocalía:
«Entre bastidores, estaré siempre al lado de Benidorm, pero oficial y visiblemente quiero sentirme desligado, pues no quiero traicionar ideas y sentimientos muy arraigados, completamente desairados por vosotros.» 43
Su actitud era rotunda y diáfana.
Por fin se constituyó -junio de 1964- el Patronato, que presidió Federico García Sanchiz. Y las fiestas inaugurales del monumento se celebraron entre los días 22 al 26 de mayo de 1965.
En 1963 Guillén adquiere la finca L' Almafrá, a tres kilómetros de Benidorm, en la carretera general a Valencia, al tiempo que gestiona la venta de la que ocupó anteriormente.
Por último, en junio de 1964, y con ocasión de los actos en homenaje a la ciudad de Bilbao, a la que se le dedicó una calle en Benidorm, Pedro Zaragoza impuso las insignias de concejal honorario a Julio Guillén Tato y a Javier Ibarra Bergé, alcalde de Bilbao.


Notas a pie de página:

40. Carta de P. Zaragoza a J.G. de 11 de septiembre de 1953

41. Carta a Francisco G. Seijo Alonso de 6 de octubre de 1964.

42. Carta a José Soler Carnicer de 7 de febrero de1972.

43. Carta a Pedro Zaragoza Orts de 28 de marzo de 1963.

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