domingo, 7 de abril de 2013


LA TORRE DE LES CALETES DE BENIDORM.


Francisco Amillo Alegre

Durante siglos el litoral del Reino de Valencia, y por tanto el de la Marina Baja, sufrió los ataques de corsarios de diversas nacionalidades aunque los peores momentos fueron los siglos XVI y XVII, cuando se intensificaron los ataques musulmanes. Para hacerles frente se creó un sistema defensivo basado en una serie de castillos o plazas fuertes complementadas con una densa red de atalayas o torres vigía que alertaban al sistema defensivo costero.

Desde la torre del Sol del Riu (Vinaròs, norte de Castellón) hasta la de La Horadada (Pilar de la Horadada, sur de Alicante), había más de 65 torres vigía, cuya misión principal era la vigilancia del litoral para avisar a los castillos de las poblaciones vecinas de la arribada de naves enemigas. También tenían misión defensiva a pesar de que no estaban diseñadas para soportar grandes ataques. Pero las expediciones corsarias eran realizadas habitualmente con escasos contingentes y en ese caso las torres podían resistir unos días. 
1. Castillos que defendían el litoral valenciano de los ataques corsarios. Entre ellos se situaban las torres de vigilancia.


La torre de les Caletes es la única de las torres vigía que tenemos en el término municipal de Benidorm. En algunas publicaciones se indica que la torre de Morales, en Poniente, era también una torre vigía de Benidorm, algo totalmente incorrecto. 

La torre de les Caletes está situada en un saliente de Sierra Helada denominado Punta del Cavall. Figura en el catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Generalitat Valenciana con el número 03.31.031-003 y el nombre de “Torre Punta del Cavall o Seguró”.

Su función de vigilancia no se puede analizar aisladamente, sino en relación con el resto de elementos defensivos de su entorno. Por un lado estaban la torre de l’Aguiló de Villajoyosa, muy cerca de la Cala de Finestrat, y el castillo de Benidorm con los que mantenía un contacto visual. Por otra parte, se relacionaba también con la torre del Albir, o torre de la Bombarda, con la que no tenía contacto visual pero sí mediante atalladors, es decir hombres a caballo. Por tanto, la torre de Les Caletes, situada en el extremo meridional de la Sierra Helada, formaba parte de un denso sistema de vigilancia que incluía la comarca y todo el litoral valenciano.

Las torres estaban situadas a una distancia aproximada de una milla valenciana, unos seis kilómetros, que era la que un hombre recorría a pie en una hora. Esta distancia es también la que separa la torre de Les Caletes de la torre de la Bombarda, al otro extremo de la Sierra Helada, dentro del actual término municipal de l’Alfàs del Pi. En cambio, estaba más próxima de lo normal al castillo de Benidorm. Actualmente hay una carretera que conduce hasta la torre, pero en siglos anteriores el camino era muy dificultoso a causa de los barrancos y se tardaba una hora en llegar andando desde Benidorm.



Descripción de la torre.

Su morfología corresponde a una torre de planta circular y forma troncocónica con espolón en la base. Es el tipo de torre que se edificó en la segunda mitad del siglo XVI, en tiempos de Felipe II. Aunque  el cartel indicativo que hay actualmente en la torre dice erróneamente que es del siglo XVII, en realidad es anterior. Como la primera mención que se hace de ella es de 1561, hay que suponer que su construcción se sitúa entre 1552 y 1561. Las cortes valencianas de 1552 habían aprobado que los ingresos de un nuevo impuesto sobre la seda se dedicaran a la defensa. El virrey, duque de Maqueda, ordenó entonces la construcción de nuevas torres y la redacción de las primeras “Ordinacions per a la defensa marítima”, publicadas en 1555. 


2. Año 1596. Dibujo de Cristóbal Antonelli, 42 x 29 cm. Título: “Perfil de la torre que se a de hazer en el puerto de Morayra y Isla de Benidorme, costa del Reyno de Valencia.” La torre de Les Caletes debía tener una estructura muy similar. El tercio inferior era macizo y tenía dos pisos encima, estando la puerta en el primero. La comunicación entre ambas salas y la parte superior se hacía con una escalera de madera. (Fuente: ACA, Mapas y Planos, 23/1)


Como material constructivo se utilizó la mampostería recubierta externamente de mortero y no sillares de piedra. La mampostería está hecha con piedras irregulares de la zona (areniscas y calizas) unidas con un mortero de cal y grava que se utilizó también para el recubrimiento exterior. Es un material más económico que los sillares y absorbe mejor los impactos de los proyectiles de las armas de fuego. Pero tiene el inconveniente de resistir peor las inclemencias atmosféricas y si no hay un mantenimiento continuado es difícil evitar que se caiga. 

A principios del siglo XVIII se dice en un informe que el muro de la parte superior estaba deteriorado y con peligro de caer por completo “a caydo la quarta parte de la barbacana de esta torre y si no se compone acabara de caer la demas.” 

Pero el deterioro más grave ha sido provocado por la acción humana. Según Orts Berdín, al finalizar la Guerra de la Independencia y retirarse las tropas de Napoleón, los ingleses bombardearon y destruyeron el castillo de Benidorm y las torres de Les Caletes y Aguiló:  “bombardearon también las torres del Aquilón y Caletes, arrojaron al abismo los cañones de ésta y sustrajeron un catalejo antiguo de gran alcance, prendièndole fuego a su retirada si bien no se incendió por completo, gracias á que los torreros escondidos en la inmediata cueva del Azno, al reembarcarse los incendiarios, dominaron las llamas y salvaron parte de sus muros calcinados.

Por todas estas causas ha desaparecido la mitad superior de la torre. Actualmente, el exterior ha perdido la capa de recubrimiento y hay peligro, si no se toman precauciones, que continúe la degradación por la caída de materiales de la base del muro. 

En 1870, según consta en el Informe de Aguado, la altura de la torre era aún de 9,2 m. incluyendo una pared de 2,2 metros de alto y de 1,5 m. de espesor. En 1995 la altura era de sólo 7 m. Esta diferencia se debe a que se ha derrumbado la pared y lo que actualmente queda de la torre es un cuerpo macizo, sin paredes interiores. Eso significa que la erosión ha complementado la destrucción humana y continuará si no se toman medidas para su conservación. 

La torre de Les Caletes está construida sobre un promontorio que se adentra en el mar, por lo que es un lugar muy apto para vigilar la Sierra Helada, donde las numerosas calas permitían ocultarse a los corsarios. Otro punto peligroso era la Isla de Benidorm, donde podían esconderse las naves sin ser vistas desde dicha localidad. La vigilancia conjunta de la torre de Les Caletes, de l’Aguiló y del castillo de Benidorm, permitía minimizar el peligro de una zona que Luis Fajardo denominó “puerta de Argel” porque a causa de la escasez de población cristiana, los musulmanes norteafricanos podían entrar impunemente en el litoral de la Marina.




3a y 3b. Alzado y planta de La torre de les Caletes: a la izquierda en 1870 y a la derecha en 1990. (Fuente:   MENÉNDEZ FUEYO, J.L.)

Por su situación, la torre de Les Caletes podía controlar la arribada de naves corsarias a la isla Mitjana, a les Penyes de l’Albir (antigua denominación de Sierra Helada) y a Les Caletes de Benidorm. Avisaba del peligro corsario mediante señales de fuego y humo a la torre de l’Aguiló, el castillo de Benidorm y Polop. 

El promontorio sobre el que está edificada la torre tiene un importante acantilado en su sector oriental. La torre está construida precisamente en ese lado, con lo que estaba protegida de ataques por este sector. Pero en su sector occidental el promontorio se inclina suavemente hacia el mar, por lo que sí que había peligro.

La torre tenía una plataforma maciza de unos 7 metros de altura para resistir mejor los trabajos de zapa y los impactos de la artillería. A continuación, había una o dos salas utilizadas como almacén del armamento y de los alimentos y también para el alojamiento de los guardias. En la plataforma superior, había garitas para la vigilancia y todo lo necesario para hacer señales de fuego y humo. Estas salas estaban comunicadas mediante una escalera, probablemente de madera, ya que Orts Berdín habla de un incendio provocado por los ingleses.

A causa del deterioro que ha sufrido, no podemos afirmar con certeza que tuviera elementos para las defensas activas: cañoneras, troneras o matacanes. Pero es lógico pensar que habría alguna de estas aberturas para las armas de fuego, especialmente las dos primeras. Un informe de Juan Bautista Antonelli nos indica que en 1561 había un mortero. Vespasiano Manrique, en 1673, la cita como Torre ò Castell de les Escaletes, lo cual es poco usual y sugiere la existencia de artillería. Lo habitual era denominar torre al edificio de vigilancia y castillo al edificio defensivo, que además presentaba morfología diferente. 


4. Estado actual de la Torre de les Caletes mostrando su deterioro. Se aprecia el alambor o inclinación del muro. En la parte izquierda de la base se aprecia también la arista del espolón. Al ser un cuerpo macizo, la puerta debía estar como mínimo a 7 metros de altura


Por otro informe de 1709, sabemos que en esta fecha había un cañón de siete libras inutilizado: “Y ymporta mucho que este cañon se monte por refugiarse a la torre muchas embarcaciones.” Por tanto, se puede deducir que como había piezas de artillería tendría las adecuadas cañoneras. Refuerza ésta hipótesis el hecho de que por su situación fuera más fácil de atacar por mar. 

Pero sí que tenemos certeza de la existencia de defensas pasivas, constituidas por el alambor, el espolón, la puerta alta y la barbacana. 

El alambor es el talud exterior de los muros que con su inclinación dificulta el trabajo de zapas o la colocación de elementos para escalar los muros; su construcción indica el uso habitual de armas de fuego de tiro tenso. Combinado con un matacán superior, cuya existencia sólo podemos conjeturar, eliminaba los ángulos muertos y se podían lanzar objetos que rebotaban y hostilizaban a los atacantes.

El espolón es también un elemento típico de las torres de los siglos XVI y XVII. Se trata de una construcción adosada a la base del muro en forma de ángulo agudo con arista; sólo hay un espolón en la parte meridional (SO), que era la más vulnerable. Su función principal era evitar la colocación de máquinas de asedio, pero en la torre de Les Caletes también servía para dar más estabilidad a la base, dada la inclinación del terreno. La simple observación visual permite comprobar que la torre se apoya sobre el espolón, lo que indica que éste se construyó primero. 

No quedan restos de la puerta, pero según se puede comprobar en otras torres (por ejemplo la del Aguiló) tenía que estar muy alta, y los defensores debían acceder mediante una escala de cuerdas o de madera que se retiraba en caso de peligro. Era un sistema de origen medieval, muy incómodo para los defensores, pero en su construcción se valoró más la seguridad. 

Tampoco quedan restos de la barbacana que se cita en la documentación, por lo que no conocemos su estructura exacta. Si era similar a la que dibujó Cristóbal Antonelli, sería un muro con troneras que rodeaba la parte superior de la torre sobresaliendo de ella a modo de voladizo, por lo que debería apoyarse en unas vigas denominadas canes. Es probable que en el suelo de ese voladizo se abriesen vanos, denominados matacanes, cuya misión era hostigar a los enemigos que estuviesen en la base de la torre.
5. La barbacana era un muro defensivo que formaba un saledizo rodeando la parte superior de la torre.



Referencias históricas.

La torre de Les Caletes aparece por primera vez en el informe de 1561 del ya citado arquitecto e ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, donde se dice que se acondicionará y se instalará una guarnición permanente de tres hombres: “la torre de las Caletas de Benidorme que esta a la parte de poniente en las Peñas del Albir se tornara a adobar y proveerse un morterete y de mosquetes, y se bolberan las tres guardas cameras que van en las dichas peñas.
En 1575 hay un escrito del señor de Benidorm al virrey Vespasiano Gonzaga en el que se queja de los grandes gastos que le ocasiona esta torre y de su importancia estratégica por el constante desamparo de la villa frente a los ataques de los piratas. 

La torre de Les Caletes aparece con la denominación de atalaya en el mapa de Abraham Ortelius de 1584 y en otros posteriores. En dicho mapa, al norte de Benidorm está dibujado con bastante exactitud el perfil de la Sierra Helada y a cada extremo hay un círculo y una torre. Evidentemente, se hace referencia a las torres de Les Caletes y Bombarda. 

Según Gaspar Escolano en 1590 sufrió un ataque de 500 corsarios musulmanes dirigidos por Arnau Mami que fue repelido por sus defensores. 

La torre de Les Caletes aparece también citada en las diversas ordenanzas y disposiciones sobre la defensa de la costa, destacando las “Ordinacions tocants a la custodia, y guarda de la costa maritima del Regne de Valencia” publicadas en 1673 por el virrey Vespasiano Manríquez, conde de Paredes. 

En el siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión, aparece en los planes de defensa costera de 1709 y 1710, reorganizando el sistema defensivo. Se hace constar que estaba en mal estado y que era preciso realizar algunas reparaciones; el armamento era muy deficiente porque el cañón estaba desmontado y los guardias debían utilizar sus escopetas porque los mosquetes estaban estropeados. Se ordena que se instale un alcaide “que sirva por su honor sin sueldo, y por aver un cañon se avran de mantener dos soldados, y un artillero que ganaran entre los tres noventa reales al mes.” 

En este siglo tenemos la primera determinación conocida de sus coordenadas geográficas. Se encuentran en la obra del oficial de la marina Vicente Tofiño de San Miguel “Derrotero de las costas de España en el Mediterráneo y su correspondencia de África” editada por vez primera en 1798 pero con medidas tomadas entre 1783 y 1784. En la bahía de Benidorm se determinan dos puntos: “la cuchilla de Roldán” en Puig Campana y la Torre de les Caletes. Las coordenadas de ésta última son: latitud norte 38º  30’  45’’; longitud este 6º  12’  26’’. La Marina Española adoptó el meridiano de Greenwich en 1910 por lo que hay que restarle los 6º 12’ 20’’ de diferencia con el meridiano de San Fernando, Cádiz, vigente en el siglo XVIII.

En 1814, vuelve a aparecer la torre en la documentación, pero la misión defensiva pasa a segundo plano, porque se quería utilizar como elemento de vigilancia del contrabando. Se trata del “Plan è Ynstruccion que comprende todos los puntos y calas de la costa de Alicante.” El objetivo del Plan era impedir el contrabando, muy importante a causa de la gran cantidad de lugares donde los contrabandistas podían desembarcar clandestinamente sus mercancías. Por tanto, se ordena que se emplee una persona en la torre de Les Caletes “para que observe los Buques que fondean en la Ysla mediana” e informe a sus superiores.

Una de las últimas referencias que tenemos sobre el personal de la torre data del siglo XIX. Antonio Morales Bayona, alcalde de Benidorm, informaba que se presentó el día 26 de mayo de 1851 en la alquería de Liriet, llamado por su propietario, José Thous Pérez. La guardia civil había rodeado la casa por orden del gobernador civil de Alicante a causa de divergencias políticas. En la casa de Thous se encontraron diversas armas de fuego y “el despacho [nombramiento] de Alcalde de la Torre de Caletas”. El mencionado nombramiento se debía, probablemente, a su destacada intervención en la represión del contrabando en años anteriores. José Thous fue el último o uno de los últimos alcaides de la torre, ya que unos meses antes había sido entregada al cuerpo de carabineros, que desde aquel momento se encargó de perseguir el contrabando.

El año 1870, el capitán de ingenieros, Joaquín Aguado, redactó un informe indicando el estado de las torres de todo el litoral con motivo de su entrega al cuerpo de carabineros. Sobre la torre de Les Caletes escribió el 1 de mayo de dicho año:   “A una hora de camino del pueblo de Benidorm por un terreno de muy difícil piso montañoso y lleno de barrancos sin carretera de ninguna especie se halla esta torre. Está situada sobre un cerro en que termina entrando en el mar la Sierra del Seguró, este cerro es el que lleva el nombre de las Caletas. Su forma es circular pero no se conserva más que lo suficiente para dar idea de ella, se halla en un completo estado de ruina a causa de haber sido volada por los Ingleses. Fue entregada como las demás al Cuerpo de Carabineros por el de Ingenieros en 31 de Diciembre de 1850 según Real Orden de 1º de Octubre de 1849, cuyo cuerpo no la utilizaba por el estado de ruina en que se encontraba. En el inventario de la entrega que se hizo de ella al Cuerpo de Carabineros de que se ha hecho mención se especifica que el terreno sobre que está situada es de roca y no es susceptible de cultivo, así que su redonda no tiene valor.”



El sistema de vigilancia.

De todos los documentos citados anteriormente, las “Ordinacions...” de Vespasiano Manrique son las que más información nos suministran para conocer cómo se organizaba el servicio de vigilancia de las torres de vigía y cómo era la vida de las personas que se dedicaban a aquel trabajo. Recogen muchos elementos de las Ordenanzas del duque de Maqueda y añaden otros nuevos a causa de todo un cúmulo de abusos, descuidos y negligencias por parte de los oficiales y soldados de la costa, según indica F. Requena. 


El ataque que sufrió Calpe el año 1637, durante el cual la mayor parte de sus habitantes fueron capturados y hecho esclavos, fue atribuido por los contemporáneos al incumplimiento de sus obligaciones por parte de las personas encargadas de la vigilancia del litoral.

Según las "Ordinacions..." la torre de Les Caletes formaba parte del “Partit de Vilachoyosa” dentro del cual se encontraban las torres de la Galera, Cap Negret, Castillo de Altea, Torre de la Bombarda, Torre de les Caletes, Castillo de Benidorm, Torre de l’Aguiló, Castillo de Villajoyosa y Torre del Charco. 
6. Las torres vigía del litoral de la Marina.

Todas estaban bajo la supervisión de un requeridor que se encargaba de contratar, pagar y controlar los guardias, atalladors y oficiales de su distrito. Estaba obligado a visitar todas las torres un mínimo de tres veces al mes, siempre en horas y días diferentes “de manera que troben a les Guardes agenes, y descuidades de dites visites, pera que millor se puixen satisfer, y informar de com cumplixen ab ses obligacions.

Además, el sistema de vigilancia se completaba con dos personas que cada mañana debían subir a Sierra Helada antes del amanecer y vigilar los dos puntos más peligrosos: “una hora ans de amaneixer, y han de descubrir la Isla que dihuen mitjana, que dista de lo alt de la Serra cosa de mitja llegua, i el puesto que dihuen Bol de Bolitg, ahon pot haver fragates.” 

También había una persona vigilando en la cueva de Moncaxer que tenía la “obligació de descobrir tots los dies al amaneixer desde la punta del Pinet a la dita Cova, que es puesto ahon poden estar amagades dos galeotes. [...] Y mes tindrà obligaciò dita guarda de Moncaxer, que si fes rebato la Torre de les Escaletes ans que la Guarda de enmig (que està en les Penyes del Albir) de anar a saber la causa de dit rebato y donar déll avis al Castell de Benidorm, ò a la Companyia de Cavalls.” 

De la torre de Les Caletes se dice que: “encara que no se ha acostumat a doblar guardes en ella, de aci avant dels deu homens que Polop te obligació de enviar al Castell de Benidorm, acudiran los tres a dita torre.

La expresión doblar guardes quiere decir que además de los guardias pagados por el Reino, que debían estar todo el año, las diferentes ciudades y villas estaban obligadas a enviar, a sus expensas, guardias a pie y a caballo entre mayo y septiembre, ambos incluidos, y siempre que fuera necesario. Era el virrey el encargado de dar la orden de “doblar les guardes.

Las torres de la Bombarda y Les Caletes no tenían atalladors porque los castillos de Altea y Benidorm hacían ese servicio. Los atalladors eran guardias a caballo que recorrían un camino predeterminado vigilando las calas y puntos más escondidos de la costa. Debían salir muy de mañana antes de que llegasen las naves musulmanas. Un atallador de Benidorm, “el que haurà de anar a la part de llevant anirà per la platja fins aplegar a la punta del Pinet, en la qual el soldat, ò atalaya de la Cova de Moncaxer li donarà el segur, y ab ell passarà avant fins encontrarse ab lo Atallador de Altea en lo puesto, que es diu lo Cap del atall, de ahon pendràn los dos atalladors lo segur del Soldat, ò Atalaya que serà de guarda en lo alt de les Penyes del Albir, que es diu Guarda de enmig.

Por su parte, los vigilantes o “Atalayes” de Sierra Helada tenían obligación de ir vigilando el litoral hasta llegar a la torre de Les Caletes y dar el seguro. Los vigilantes de la mencionada torre, recibido el seguro, caminarían hasta encontrar el único vigilante de la cueva de Moncaxer.


Normalmente, el mar estaba libre de enemigos, lo cual se indicaba en cada torre mediante un haz de leña o de hierba colgando de una pica de como mínimo de veinte palmos (4 metros) “y quant major sia dita granera millor se devisarà,” para que los pescadores y la gente de tierra, al divisarla, pudieran ir trabajar seguros. Hay un plano de 1717 en el que se ve la torre de l’Aguilò con la pica y el haz colgando en señal de no haber peligro corsario. 


7. En esta ilustración de principios del siglo XVIII se aprecia la torre de l’Aguiló con el haz de leña colgando de una pértiga que indicaba la ausencia de peligro. También se aprecian las troneras para la artillería, la barbacana con almenas y la garita superior para los vigilantes.


Durante la noche se hacían tres fuegos “de segur, com se acostuma a fer d’ordinari”, uno, al inicio de la noche, otro, a media noche y el tercero al alba. Además, se hacía una señal que se pasaba de torre a torre.




Actuaciones en caso de ataque corsario.

Sin embargo, a veces, se descubrían naves corsarias. En estos casos las “Ordinacions” disponían que se hicieran señales de humo o de fuego, se disparara la artillería y se diera aviso a las otras torres:   “quant se descobrisguen enemichs tinguen obligació les Guardes, y Soldats de les Torres [...] de fer tantes falles, o alimares, o fumades si es de dia, quantes fustes se descobriràn, responent a elles les altres Torres, ò Estancies, y en cas que les fustes, ò enemichs llancen gent en terra, facen continua, y ferma alimara, ó fumada tenint los enemichs a vista, y tenint pesa la Torre la despararàn, pera que sien millor avisats los de terra, y les barques en la mar. [...] Item que en les dites ocasions de rebatos [...] haventhi tres soldats en dita Torre, partirà lo hu devès ponent, y lo altre a llevant a dar lo avis, y rebato a les Torres mes vehines restantse lo altre fent dits fochs, ò fumades sens perdre als enemichs de vista.” 

Además en cada torre debería haber un sistema de aviso acústico: “una campana, un cargol de mar, corn ò bocina, pera dar avis per este medi.” 

A partir del aviso del sistema de vigilancia, se movilizaba la compañía de caballería que residía en Villajoyosa. También acudían los guardias de otras torres y villas y la guarnición del fuerte de Bernia mientras estuvo en uso. Si la vigilancia había sido efectiva se podía rechazar el ataque con relativa facilidad y hay numerosos ejemplos que lo confirman. Si se capturaba alguna nave corsaria, la torre que había dado el aviso tenía derecho a cobrar un 20 % del valor de la captura. Pero si la vigilancia había fallado los ataques por sorpresa podían ser muy crueles: Calpe y Callosa son un buen ejemplo.
8.  El sector oriental de la torre daba a un precipicio con lo que era inaccesible por ese sector.




La vida de soldados y atalladors.

La vida de los guardias y atalladors que residían en las torres era dura. Los salarios eran escasos y si había que recortar gastos, los primeros al sufrir las consecuencias eran ellos. Cobraban tres veces al año por períodos de cuatro meses, denominados tercios. 
Todos ellos estaban obligados a residir continuamente en las torres y su vida estaba meticulosamente regulada. El alcaide debía residir noche y día en la torre y sólo podía ausentarse un día a la semana. Debía controlar que la puerta estuviera siempre cerrada y cada noche debería hacer un mínimo de tres rondas: “pera regoneixer com se han mudat les centineles, y si està despert lo que ha de fer, y si toquen la campana ab la corda curta de dos pams (que es lo que deu tenir) ò ab llarga desde ahon se retiren a dormir, y trobantla llarga la deuhen tallar, y notar la falta a qui la haurà comesa, y la mateixa nota faràn trobant dormint a la centinela.

La vida privada de los vigilantes de las torres debería ser muy estricta:  “Item, ordenam, y manam, que el que sia renegador, jurador, publicament amigat, o tahur de manera que ho tinga per ofici, no es reba pera soldat, ans be sia de bona vida, y costums, [...] y sens vicis escandalosos.” 

Su tiempo debería estar dedicado íntegramente a la vigilancia de la costa, por lo que estaban prohibidos los libros, los instrumentos musicales o las artes de caza y pesca:   “Item, que ningun Soldat, Guarda, Atalaya, ò atallador que residixquen en les Torres, ó Estancies puixa tenir llibre, guitarra, gos, furò, llasos, ralls, ni altres generos de filats, ni aparells alguns de cazar, ò peixcar, ni ocuparse mentres esten de atalaya en altra faena, ocupacio o ministeri, que els puixa divertir de la continua, y atenta guardia.” 

Los vigilantes de la torre de Les Caletes no debían abandonar la torre bajo ningún pretexto y sólo uno de ellos podía ir cada tres días a Benidorm a comprar víveres. 




Los que hubieran incumplido sus obligaciones de guardia (dormir o dedicarse a otras ocupaciones) eran multados con el sueldo de dos meses, la primera vez, y con el de tres meses, la segunda, pero también se podían aplicar penas corporales por parte del requeridor. Llevar mujeres que no fuesen las esposas de los guardias también estaba penado, pero si era una prostituta se despediría al soldado:   “Y la mateixa pena [quince días de sueldo] tinguen trobant dones en las Estancies, y Torres que no sien mullers propies dels que en elles residiràn, y trobant alguna dona de mala vida sia despedit lo Soldat per conte de que estarà.




La torre de les Caletes vista por los habitantes de Benidorm.

Con frecuencia, los edificios antiguos tienen la capacidad de excitar la imaginación originando relatos populares fantásticos y se rodean de un aura de leyenda que nos encanta por su ingenuidad. La torre de Les Caletes no ha sido una excepción. 
En 1892 Orts Berdín narraba una de estas historietas:  “Siendo niño, oíamos referir á un tal Cosme Linares, que antes de desmontar los ingleses la torre de las Caletes, una noche obscura, lóbrega, desembarcaron varios moros de una galera á las faldas de las peñas de Arabí, subieron a lo más alto, ataron fuertemente la expresada torre, bajaron otra vez al mar, cogieron los dos extremos de la maroma, y estuvieron forcejeando hasta la madrugada con objeto de arrastrar aquella mole al precipicio y verse libres del alcance de sus cañones, y al sorprenderles el día en aquella operación, abandonaron los cables y se reembarcaron precipitadamente sin conseguir hacer mella al viejo muro.” 


Quizá haya una representación de la torre en los graffiti de la casa del Cisteller de Benidorm. Según Rosa M. Llorca, “en una parte parece dibujada una especie de torre”, aunque la autora no acaba de identificarla. Pero se trata de la representación de un edificio que por su forma troncocónica y su ubicación al lado de un acantilado podría tratarse de la torre de Les Caletes. Si se confirmará ésta hipótesis, el dibujo sería, como muy tarde, de principios del siglo XIX ya que la torre aparece representada entera, con el aspecto que ofrecería desde el mar antes de su destrucción por los ingleses. 


10.  Graffiti de la casa del Cisteller con una posible representación de la Torre de Les Caletes  vista desde el mar.


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